Amores de bolsillo

Envidia produciría a todo el plantel de dioses allá en el Olimpo saber que los mortales han llegado a resumir en una edición de bolsillo el sentimiento que por antonomasia ha alimentado todas sus tramas divinas. Y es que, hasta el más idealista en términos amorosos, admiraría el práctico modo de proceder en estas lides si pudiésemos sacar el amor del bolso cuando a uno le viniese en gana. Eso sí, cantautores y demás miembros del gremio artístico se hundirían sin la más triste inspiración. En cualquier caso, como ya preconizaba en aquella versión de “Caballo viejo” nuestro popular Julio Iglesias, “el amor no tiene horario ni fecha en el calendario”, así que sigue y seguirá siendo, mal que nos pese, un sentimiento indomable.
Sin embargo, para los fans del séptimo arte, especialmente aquellos admiradores del género lacrimógeno hollywoodiense, el libro Un amor de cine puede ser el mejor atajo para saciar nuestras ensoñaciones románticas. Portable a la playa, a la montaña, a la piscina y, para los mañosos en eso de envolver, hasta sumergible; la edición de Debolsillo, resume en su pequeño formato algunas de las películas más populares del género que han bailado sobre las pantallas en todo el mundo.
De modo que, aunque este tipo de prácticas son más propias del invierno, el libro permite en pleno estío, darse un buen atracón de romanticismo. Así, el lector puede sustituir la manta y la tarrina de helado tamaño industrial por una toalla engarzada en perlitas de arena y un minúsculo polo que amenace con el deshielo inminente sobre sus manos; mientras derrocha anhelos bovaristas contemplando fotogramas tan emblemáticos como el de la mítica Titanic, acompañados del fragmento más tierno del guión de la película. Desde Anna Karenina (1935) con la inigualable Greta Garbo como protagonista hasta Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008) que cierra la edición, el observador se lanza a un agradable viaje en el que caben “tradicionales clásicos” de la talla de Lo que el viento se llevó (1939) y Casablanca (1942) o “modernos clásicos” que a fuerza de costumbre y reiteración han colmado sueños amorosos por todo el globo: Memorias de África (1985), Dirty Dancing (1987), Cuando Harry encontró a Sally (1989), Cuatro bodas y un funeral (1994) o Los puentes de Madison (1995), entre muchas otras. En total, más de un centenar de películas que, a modo de listado, podrían engrosar cualquier “Manual para el Amor”. Es lo que se dice, todo un ejemplo de utilidad y eficiencia.
Para los más escépticos siempre queda la opción nostálgica: recordar la interpretación de los actores y revivir aquellos diálogos que marcaron un referente insuperable -y tan hiperbólico como los ejemplos Disney– en nuestra concepción de las relaciones de pareja. Para todos los demás, sólo resta extraer la belleza narrativa y el ingenio de algunos fragmentos del libro: películas que, con o sin amor, consiguen remover algo en la conciencia cuando el puñetazo de la empatía sacude el vientre del espectador-lector.

Gilda (1946)

Gilda: Tú me odias ¿verdad?

Johnny: No tienes ni idea hasta qué punto.
Gilda: El odio es una emoción muy intensa, ¿no lo has notado? Muy intensa. Yo también te odio. De tal modo que… que creo que voy a morir, cariño. Creo que voy a morir de odio.


El apartamento (1960)
[Fran]: No creí que fuera tan estúpida, está visto que nunca aprenderé. Cuando una se enamora de un hombre casado no debería ponerse rímel.

Manhattan (1979)
[Isaac]: Pero estabas muy sexi, ¿sabes? Empapada por la lluvia y… y tuve un impulso loco de tumbarte bajo la superficie lunar y cometer una perversión interestelar contigo.

Cuatro bodas y un funeral (1994)
Charlie: ¿Aceptarías no casarte conmigo y crees que no casarte conmigo podría convertirse para ti en algo que durara el resto de tu vida? ¿quieres?
Carrie: Sí, quiero.

El cartero de Pablo Neruda (1994)
Señora Rosa: Ya basta, hija mía. Cuando un hombre empieza a tocarte con las palabras en seguida llega muy lejos con las manos.
Beatrice: No hay nada de malo en las palabras.
Señora Rosa: Las palabras son la peor cosa que hay en el mundo. Prefiero mil veces que un hombre borracho en el bar te toque el culo con las manos a que alguien te diga “Tu sonrisa vuela como una mariposa”.
Beatrice: ¡Se expande como una mariposa!
Señora Rosa: Ríe, vuela, se expande… ¡Me da igual! ¡Pero es que no te das cuenta, hija mía! No tiene más que rozarte con un dedo para que caigas.
Beatrice: Te equivocas, es una persona decente.
Señora Rosa: Cuando se trata de acostarse no hay diferencia entre un poeta, un cura o incluso un comunista.

Princesas (2005)
[Caye]: ¿Sabes qué me jode también? Lo que más de todo… que no te puedan ir a buscar a la salida… A mí es lo que más me gustaría. Trabajar en un despacho de lo que desea, da igual, pero que me vayan a buscar a la salida. ¿te imaginas? Y verle esperando desde la ventana, que sea muy, muy guapo y se mueran todas de envidia. Fíjate, ya sólo decirlo es la hostia: “Ven a buscarme”. El amor es eso ¿no? Que te vayan a buscar a la salida… El resto es todo una mierda, ni flores, ni anillos… por mí se pueden meter todo por el culo, pero que te vayan a buscar a la salida…
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Archivado bajo Cine, comedia romántica, libros, películas clásicas

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