En legítima defensa

-Fue unas horas después de leer aquel libro de Neruda… Era domingo y no quiso ver el fútbol. Se puso a cambiar la bombilla sin rechistar. ¡Silbando y todo! Y no sólo fue ese día. Me tendía la ropa, me hacía la compra… Empezó a mandarme WhatsApps desde el trabajo: que si “cómo estás”, que si “te quiero mucho”, que si eres “mi mariposa de sueño”… Así que cuando llamaron del hospital para decirnos no sé qué de una negligencia y que se había producido un error con la medicación de mi Manolo, pues… pues colgué asustada.
-¿En 197 ocasiones, señora? Tenemos el registro de llamadas…
-¡No quería perderlo!
-¿Es todo lo que va a alegar en su defensa?
-¿Les he contado lo de que lloraba viendo “El Diario de Noa”?

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